Por Donna Spader Shire

De las dieciséis hijos que tuvieron mis padres, dos se hicieron sacerdotes y yo me hice monja.  Desde nuestra infancia, fuimos enseñadas que la Iglesia Católica Romana era la verdadera iglesia, y para que algún día pudiéramos tener vida eterna en el cielo, teníamos que ser buenos y hacer lo bueno.  El gran deseo de mi madre era que por lo menos tuviera una hija que fuera monja.  Yo fui la elegida.  Yo asistí a la escuela superior de la parroquia; e inmendiatamente de graduarme en el 1960, entré al Convento de “School Sisters of St. Francis” en Milwaukee, Wisconsin.

La vida en el convento era dura y estricta.  Nosotras habíamos aprendido sobre los santos de la iglesia y la doctrina de ésta, pero no las Escrituras.  Yo recibí mi primera Biblia, después de estar en el Convento por diez años.  No fue puesta en mis manos por la Iglesia Católica Romana sino por un grupo de Carismáticos.

El Compartir de mi Hermano

Mi hermano menor conoció al Señor a través de “Campus Crusade”.  El había dejado la escuela de ingeniería y estaba asistiendo al Instituto de Biblia Moody.  El venía  a visitarme a menudo y compartía su nueva fe.  A través de Efesios 2:8-9 el trató de convencerme que la salvación es un regalo de Dios que tan sólo se puede obtener creyendo en Jesucristo solamente y que nuestras buenas obras no nos salvan, como está claramente escrito en la Biblia.  “Proque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se glorie.

(Tito 3:5) Nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo.  Era muy obvio que mi hermano tenía la seguridad de la vid eterna que yo deseaba tan desesperadamente, pero yo no creía que mi iglesia me había engañado en tan importante verdad.

El Convento y la Falsa Religión

Por cinco años y felicidad por mi misma.  Yo traté el Yoga, meditación trascendental, el control de la mente de Silva, lenguas y profetizar.  Esto pareció satisfacerme por un tiempo, pero al final, deja al espíritu confundido.  Después de quince años en el convento, y aún no encontrando la paz con Dios por lo que había anhelado, comencé seriamente a cuestionar mi vida como religiosa.  Yo entré al convento creyendo que yo podía ser “buena” lo suficiente.  Mas sin embargo, encontré que en el convento las monjas pecan igual que las mujeres del mundo.

Cambios de Hábitos

En el 1975 yo le escribí al Papa y recibí su permiso para ser liberada de mis votos.  Cuando dejé el convento, me sentí como si me hubiese fracasado a mi misma, mi familia y mi iglesia.  En vez de regresar a mi casa, me fui al Este a vivir con una amiga que era un ex-monja.  Las dos decidimos desquitarnos de todos esos años que habiamos tenido de encerramiento y tratar de todo lo que el mundo ofrecía.  No tardó mucho tiempo cuando me di cuenta que el mundo tampoco podía ofrecerme nada.

Una Oración Directa

Una tarde, cuando regresé al apartamento, yo encontré a mi amiga en un gran problema.  Ella había estado bebiendo y fumando marihuana y estaba en desesperación.  Parecía que quería terminar con su vida.  Yo me sentí atemorizada, mientras más trataba de calmarla, más coraje y violencia expresaba.  Finalmente, en deseperación, yo la agarré, y comencé a orar.  Yo creo que ésta fue la primera vez en mi vida que oraba directamente a Dios, sin orarle a la Madre Santísima y los santos.  Haciendo ésto, Dios oyó mi oración e inmediatamente ella se calmó.

Gracia Maravillosa

Aquella noche decidimos encontrar la verdad sobre Dios.  Nos arrodillamos y sinceramente le pedimos a Dios por ayuda y perdón.  Le pedimos que enderezara nuestra confusión la que teníamos en nuestra vida.  Como dice Isaías, hicimos de nuestras vidas trapo de inmundicia.  Nosotras no estábamos familiarizados con el término “salvo” y “nacer de nuevo”, pero desde ese momento yo comencé a experimentar por primera vez en mi vida Su paz “que sobrepasa el entendimiento”.  Después de ese tiempo hubo un cambio en mi corazón y en mi vida.  La Palabra de Dios vino a mi ser una luz en mi camino, donde antes había sido confusión.  Los versos de la Biblia tomaron nuevo significado.  (Efesios 1:7) “En quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados, según las riquezas de mi gracia”.  (Romanos 5:8-10) “Mas Dios muestra su amor para con nosotros en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros.  Pues mucho más, estando ya justificados en mi sangre, por él seremos salvos de la ira.  Porque si siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, mucho más, estando reconciliados, seremos salvos por su vida”.

Desde mi conversión al Señor Jesucristo, Dios me ha bendicido de muchas manera.  Yo frecuentaba a una escuela bíblica en Inglaterra donde recibí unas enseñanzas doctrinales profundas. Me dieron un viaje a Jerusalén (la ciudad santa) donde tuve el gozo de caminar donde mi Señor cominó siglos atrás y donde recibí una perspectiva mejor de las Escrituras.  Yo he sido una consejera con una agencia familiar, estoy casada (con un viudo), y no tan sólo soy una esposa, sino una madre de cinco y una abuela de diez.

Cada dí, en buenas o difíciles circunstancias, como Isaías, yo puede decir, “En gran manera me gozaré en Jehová, mi alma se alegrará en mi Dios; porque me vistió con vestiduras de salvación me rodeó de manto de justicia, como a novio me atavió, y como novia adornada con sus joyas”.  (Isaías 61:10).

Quizás tú, también, hayas llegado a la conclusión que una vida religiosa no puede lograr la salvación.  Si tu quieres conocer al Señor Jesucristo como tu Salvador personal, cree en El y en su muerte, enterramiento y resurrección que pagaron por tus pecados por completo y recibe la salvación que El ofrece gratuitamente por gracia a través de la fe.  “Pero sabemos que el Hijo de Dios ha venido, y nos ha dado entendimiento para conocer al que es vedadero; y estamos enel verdadero, en su Hijo Jesucristo.  Este es el verdadero Dios, y la vida eterna.  Hijitos, guardaos de los ídolos”.  Amén.

Reconoce que la vida eterna está en Cristo y solamente en El; poniendo nuestra mirada y orando a otros es idolatría.  Obedece las advertencias de Dios en las Escrituras.  (Colosenses 2:8-10) “Mirad que nadie os engañe por medio de filosofías y huecas sutilezas, según las tradiciones de las hombres, conforme a los rudimentos del mundo, y no según Cristo.  Porque en El habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad, y vosotros estáis completos en El, que es la cabeza de todo principado y potestad”.

Dios es el todo santo. Su santidad es el factor determinante en todas sus características esenciales. Esta es la razón del porqué necesitamos estar reconciliados delante del Dios todo santo en los términos que Él prescribe. Vuélvete a Dios en fe para la salvación que Él solo da, a través de la convicción del Espíritu Santo, basado en la muerte de Cristo y de su resurrección y cree sólo en Él “para alabanza de la gloria de su gracia”. (Efesios 1:6)  El comprender el evangelio nos motiva a proclamarlo en gratitud reverente “No a nosotros, Oh Jehová, no a nosotros, Sino a tu nombre da gloria,  Por tu misericordia, por tu verdad”. (Salmos 115:1)  Cree sólo en Él y estarás seguro, siendo aceptado en Cristo Jesús para que puedas contemplar su Gloria, sabiendo que esa Gloria será por toda la eternidad. “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas”. (2 Corintios 5:17)

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